¿Por qué es necesario el mantenimiento de los aceites hidráulicos y de lubricación para evitar su contaminación y degradación?

La contaminación por partículas y agua son las causas más frecuentes por las que se generan los fallos y las paradas en los sistemas hidráulicos. Debido a esto, el conocimiento del nivel preciso de contaminación puede ser crítico de cara a la eficiencia y funcionalidad del sistema, debiendo ser controlado y corregido cuando sea necesario.

La contaminación de los aceites acaba ocasionando su degradación y, por tanto, la pérdida de sus propiedades y disminución de su vida útil.

Una serie de consecuencias específicas derivadas de la contaminación de los aceites son la colmatación prematura de los filtros, incremento en el desgaste de los componentes, un alto nivel de ruido, corrosión, cavitación, abrasión y erosión, degradación de los aditivos y, finalmente, paradas no programadas y costosas averías.

En cuanto a su degradación, los aceites que se encuentran almacenados o en servicio en los sistemas hidráulicos acaban experimentando cambios en su composición y perdiendo sus propiedades fisicoquímicas con el tiempo. Sin embargo, dependiendo del tipo de aceite y de las condiciones y el ambiente de trabajo, este deterioro puede ser más o menos controlable y frecuente.

La degradación del aceite origina una serie de productos no deseados que pueden acabar provocando depósitos de barniz, presencia de agua -que puede generar corrosiones- y daños en partes clave del sistema hidráulico, como las servoválvulas o bombas.

¿Cuáles son las principales causas de la contaminación del aceite?

Oxidación

El contacto del aceite con el agua propicia una reacción química en la que las moléculas de dicho aceite reaccionan con el oxígeno del agua, generando nuevos compuestos que alteran las propiedades del lubricante. Además, un alto nivel de oxidación puede provocar corrosión ácida, espesamiento del aceite o variación de la viscosidad respecto al aceite original, aumento del nivel de suciedad del aceite (lodos), etc.

Hidrólisis

Es la consecuencia de la oxidación y otras reacciones químicas que descomponen el aceite. Los compuestos químicos que se originan, tales como hidroperóxidos, ácidos carboxílicos, cetonas, aldehídos, etc., son en general solubles en agua y pueden acelerar aún más el proceso de hidrólisis. La contaminación con agua por condensación produce, además, riesgo de corrosión y desgaste prematuro en las bombas.

Degradación térmica

Los enlaces moleculares del aceite se debilitan a altas temperaturas, por encima de su límite térmico, provocando su descomposición y propensión a formar nuevos enlaces con otros elementos.

En definitiva, la oxidación, hidrólisis y aumento de temperatura en los aceites desencadenan una serie de reacciones químicas que causan la descomposición y degradación de dichos aceites y sus aditivos. Se generan compuestos ácidos y resinas que pueden precipitar, formando barnices o lacas, llegando a sellar válvulas, colapsar filtros, etc., lo que supone un elevado riesgo para la protección y el correcto funcionamiento de los sistemas.

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